Enviado por Jackie Waters (UK)
Translated by Mariona Nadal (Spain)
Es
una de las pequeñas ironÃas de la vida que el sÃndrome de Prader-Willi
(SPW) llegara a mi vida, yo era muy exigente con la comida, y con tan
poco apetito yo tuve un peso muy bajo hasta después de que nacieran mis
dos hijos.
Mi primer hijo fue una niña, Esther,
nacida en 1978 por cesárea. Fue evidente de forma inmediata que algo no
iba bien. Era muy blandita y no podÃa succionar. Estuve con ella en el
hospital durante un mes mientras la sometÃan a pruebas. SÃndrome de
Down, parálisis cerebral, algún tipo de problema muscular, todo fue
descartado, por tanto, nos dieron de alta del hospital con un
diagnóstico general de "fracaso para prosperar".
Otra
de las pequeñas ironÃas de la vida fue que, durante sus primeros meses
de vida, Esther tenÃa muchas dificultades para comer. No lloraba y
dormÃa mucho. Tuvimos que poner el despertador para alimentarla, usar
una cucharita o apretar la tetina para intentar que unas gotas de leche
entraran en su boca. Una vez empezó con los alimentos sólidos, empezó a
comer bien, y yo tuve todas las esperanzas de que sus retrocesos
iniciales ya eran parte del pasado. Su tono muscular mejoró
gradualmente, pero seguÃa débil, asà que no caminó hasta los 19 meses de
edad - bastante pronto, lo sé, para los niños con SPW.
Era
un poco raro que mi adorable hijita se comiera todo lo que le ponÃa
delante. Raro por mis propias manÃas con la comida y porque la mayorÃa
de niños pequeños no comen cosas como repollo frÃo - que es lo que un
amigo macrobiótico con quien estábamos pasando unos dÃas cuando Esther
tenÃa unos 3 años nos puso para desayunar. Esther se lo comió con gusto.
Sobre
los 4 años de edad, empezó ganar peso. Raro de nuevo. Yo tenÃa
tendencia a darle raciones pequeñas que reflejaban mi poco apetito, por
tanto, ¿cómo podÃa estar engordando?
Estuvimos
viendo pediatras cada medio año, más o menos, quienes meritoriamente
estaban contentos con su progreso, salvo porque su habla y lenguaje eran
casi inexistente, aunque se comunicaba con signos y sonidos y estaba
claro que su comprensión era relativamente buena. Cuando cumplió los 5, y
el aumento de peso se fue haciendo obvio, mi mundo se puso del revés
cuando una visita rutinaria al pediatra se convirtió en el dÃa que
Esther fue finalmente diagnosticada.
"Creo que
sé cuál es el problema", dijo. "Creo que tiene sÃndrome de
Prader-Willi." Me mostró algunas fotos de niños de un libro médico y sÃ,
Esther se parecÃa sin duda a ellos. Dijo que mandarÃa una muestra de
sangre para hacer un test genético de confirmación, pero incluso cuando
llegó el resultado negativo, yo sabÃa en el fondo de mi corazón que eso
era lo que ella tenÃa. En esa época, los tests genéticos para el SPW
estaban en sus primeros años; otro test cuando tenÃa ya 16 años detectó
una pequeña anomalÃa genética. El pediatra dijo que Esther era sólo el
segundo niño que él habÃa jamás diagnosticado con el sÃndrome y que no
podÃa contarme demasiado sobre él, a parte de cortar de raÃz el darle
dulces, galletas, pasteles, ...
Esto fue,
evidentemente, en los tiempos antes de internet, y cualquier tipo de
información era muy difÃcil de encontrar. La enfermera y el pediatra
clÃnico me dieron la dirección de la joven Asociación SPW, que se habÃa
creado apenas un par de años antes, y era gestionada durante su tiempo
libre por una pareja cuyo hijo también recibió el diagnóstico. La única
información que me pudieron mandar fue un librito de Estados Unidos,
donde se creó la primera Asociación SPW del mundo, en 1978, el año que
nació Esther. De ahà aprendà que el sÃndrome llevaba el nombre de los
doctores suizos, el profesor Prader y el doctor Willi (junto con el
doctor Labhart cuyo nombre se cayó en el algún momento) que describieron
por primera vez el sÃndrome en 1956.
 |
| El Dr Andrea Prader con Jean Phillips-Martinsson (UK) |
La
mayor parte del librito era horripilante, y encontré varias pastes en
las que no podÃa ni mirar. Según contaban, mi angélica niñita iba a
convertirse en un monstruo delirante, que se comerÃa todo lo que se
encontrara en su camino, y a la vez tendrÃa severas rabietas de
temperamento y rabia. Aún más, nunca desarrollarÃa madurez sexual, no
tendrÃa hijos y serÃa más baja que la media. ¿Cómo podÃa suceder eso?
Sucede,
lo sé, porque la anomalÃa genética del SPW afecta al área del
hipotálamo en el cerebro. Que resulta controlar las hormonas que afectan
al apetito, al crecimiento, al sueño y a las emociones.
Juré
que harÃa todo lo posible para despertar a mi hija de esta pesadilla. Me
unà a PWSA UK, fui a sus reuniones y conferencias, y, en 1987, tres
años después del nacimiento de mi segundo hijo (sin problemas), me unà a
la junta directiva.
En ese momento, poco se
sabÃa sobre la vida de los adultos con SPW - se decÃa que seguÃan
engordando y que pocas personas superaban los 30 años de edad. SugerÃ
hacer una encuesta entre los padres con los que estábamos en contacto
que tenÃan hijos adultos con SPW. Un psiquiatra de Birmingham, el Dr.
David Clarke, se interesó en lo que yo estaba haciendo y los resultados
se publicaron finalmente en 1989[i].
Y asà me
convertà por defecto en la responsable de información para la PWSA UK,
trabajando como voluntaria hasta 1991, y luego como empleada con sueldo,
a temporadas a tiempo parcial, a temporadas a jornada completa. Mi rol
actual es el de Gerente del Equipo de Apoyo. Nuestro equipo de apoyo
ayuda a las familias y personas con SPW a tener el apoyo y el cuidado
que necesitan, respuestas a sus preguntas sobre cualquier aspecto de la
vida con SPW, y a la formación de los cuidadores profesionales. Aún soy
responsable de escribir una buena parte de la literatura de la
Asociación, la mayor parte de la cual está disponible en su sitio web.
Entonces, qué he aprendido en mis 39 de vivir y trabajar con el SPW?

He
aprendido que el SPW es una condición increÃblemente compleja que se da
tan sólo en unas 2000 personas en el Reino Unido. Desafortunadamente,
puede suceder en cualquier familia, pues el 95% de los casos son "de
novo", es decir, sin antecedentes familiares. Afortunadamente, en muy
pocos casos es hereditaria. La genética es una fuente continua de
interés para los expertos en el campo, como lo es encontrar una "cura"
para el apetito excesivo (hiperfagia). Ahora sabemos, gracias a las
resonancias magnéticas del cerebro, que los mensajes desde el estómago
al cerebro, avisando de que se ha comido suficiente, no están llegando
completamente al cerebro, dando lugar a un estado de hambre casi
perpetuo. El bajo tono muscular (hipotonÃa) que continua a lo largo de
toda la vida impone un doble contratiempo en las personas con SPW:
realmente necesitan menos calorÃas que las personas de su misma edad y
altura para mantener un peso saludable: esta fue la razón por la que mi
hija engordó cuando era pequeña. No fue porque yo le diera de comer
demasiado, fue porque sus requisitos calóricos eran bastante más bajos
que los de los otros niños.
La lucha por
mantener las calorÃas bajas, junto con la búsqueda de comida por parte
del individuo con SPW para saciar su hambre, hace que éste sea un
sÃndrome con el que sea difÃcil convivir. No sólo esto, además su
inmaduro desarrollo social y emocional significa que incluso aquellos
que por su nivel intelectual deberÃan poder manejarlo (aunque la mayorÃa
tienen dificultades en el aprendizaje, una minorÃa significante no las
tienen) no son capaces de gestionar el estrés y las complejidades de la
vida diaria, lo que lleva a menudo a rabietas que a veces conllevan
agresiones fÃsicas. Hay una amplia gama de otros retos de
comportamiento, tan peculiares del SPW que los psiquiatras los describen
como "fenotipo conductual".
Para la mayorÃa de
las familias con niños pequeños que pueden manejar la dieta de su hijo,
el SPW no impacta durante todo el tiempo - las rabietas pueden no ser
muy frecuentes, o relativamente fáciles de manejar. Ciertamente ese fue
mi caso, y Esther era, cuando era más joven, muy buena en mantener su
régimen dietético, con mi apoyo. Sin embargo, a medida que las personas
con SPW se hacen mayores, la independencia se convierte en un gran
problema. Si se les deja por su cuenta, en la mayorÃa de los casos, la
persona seguirá comiendo hasta que todos los problemas de salud
relacionados con la obesidad hagan su aparición. Tristemente, aún oÃmos
casos de fallecimientos de jóvenes de 20-30 años, a pesar de que la
persona más mayor con el sÃndrome que se conoce tenÃa 74 años cuando
falleció. Sólo un puñado, sin embargo, superan hoy en dÃa los 60 años.
Para
manejar las dificultades del sÃndrome, han surgido unos cuantos hogares
residenciales especializados donde el acceso a la comida está muy
restringido y donde el personal ha sido entrenado para manejar los
desafÃos que el comportamiento de algunas personas presenta. La historia
de Esther es compleja, y no todo tiene que ver con el SPW, pero
actualmente va muy bien en el hogar en el que ha estado viviendo desde
hace ahora 2 años, habiendo perdido unos 25 kilos de peso.
El
SPW ha cambiado mi vida. No estaba planificado en mi carrera (quien lo
querrÃa realmente?), pero me ha enseñado mucho. He aprendido a no juzgar
a las personas que están obesas y he conocido gente de todos los
ámbitos de la vida y de todo el mundo. En mi trabajo como antiguo
miembro de la junta directiva de la Organización Internacional para el
SPW (IPWSO)
www.ipwso.org he viajado a
paÃs tan apartados geográfica y culturalmente como Noruega y Taiwán,
pero en todos los paÃses, los niños y adultos con SPW hacen frente a los
mismos desafÃos. Es un honor para mi haber sido invitada a ser
representante de las familias y personas con SPW en el Consejo de
Pacientes EASO y espero con mucho interés conocer a otros miembros del
Consejo en el próximo Congreso de Portugal en mayo.